martes, 3 de marzo de 2009

AZORIN




A los ocho años ingresa como alumno interno en el colegio que los Padres Escolapios regentan en Yecla. Permanece allí una larga temporada, hasta los dieciséis años, cursando los estudios de enseñanza secundaria. El escritor revisará con frecuencia estos años de enclaustramiento, de los que no guardará gratos recuerdos.
En 1888 se traslada a Valencia para cursar la carrera de Derecho. Intenta, sin demasiada aplicación, obtener la licenciatura; primero en la Universidad valenciana, posteriormente realiza exámenes en otros centros universitarios, como Granada, Salamanca o Madrid.
En la ciudad del Turia inicia una etapa que va a tener decisiva importancia en su formación intelectual. Conecta con las últimas corrientes del pensamiento y el arte (krausismo, anarquismo, etc.), se entrega febrilmente a la lectura de obras literarias y políticas, y realiza sus primeras incursiones en el mundo del periodismo. El adolescente Martínez Ruiz, asiduo de las tertulias de los cafés, se siente muy interesado por las nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que caracterizará sus años de juventud, al tiempo que se afianza en su espíritu la voluntad de hacerse escritor. Colabora en distintos periódicos en los que utiliza diversos seudónimos: Fray José, en "La Educación Católica", de Petrel, Juan de Lis, en "El Defensor de Yecla", etc. Escribe también en "El Eco de Monóvar", "El Mercantil Valenciano", e incluso en "El Pueblo", el periódico de Vicente Blasco Ibáñez (3). Por lo general, hace crítica teatral (elogia las obras de Guimerá y Galdós o el Juan José, de Joaquín Dicenta), aunque se decanta ya, de forma especial, por la crítica político-social.
Importante resulta también en estos años de preparación su actividad traductora, con trabajos como el drama La intrusa, de Maeterlink, la conferencia del francés A. Hamon, De la patria, o el folleto Las prisiones, del príncipe anarquista Pedro Kropotkin.
El 25 de noviembre de 1896 se traslada a Madrid. Llega con una carta de recomendación de Luis Bonafoux para el director del periódico "El País".
Aquel mismo año arribaron también a la capital de España Ramón del Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la Corte y Maeztu llegaría a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos, en intimar y en acometer juntos algunas empresas.
Azorín publica diariamente trabajos en el nuevo periódico. Se trata de artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores más arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras un artículo sobre el matrimonio y la propiedad, se ve obligado a abandonar la redacción de "El País". Le reciben en otros periódicos e inicia la publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus vivencias y sentimientos: Charivari (Crítica discordante), de 1897, entre otros. El único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el de Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en uno de sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un espaldarazo. A principios de octubre de 1897 comienza sus colaboraciones en "El Progreso", de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso anarquista.
De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por completo; busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento, el triunfo.
En esta etapa de formación y tanteos se prodigan los seudónimos en los escritos del joven autor: Cándido (La crítica literaria en España, 1893, primer trabajo en forma de pequeño folleto), en memoria del personaje de Voltaire y Ahriman, apelativo que le relaciona con el dios del mal de las religiones persas son dos de los más conocidos. Pero seguirán otros: Charivari, Este..., hasta ocho se recogen en el Diccionario de Rogers-Lapuente, (4), contando con los ya citados. El seudónimo los Tres, utilizado conjuntamente con Maeztu y Pío Baroja, o el definitivo de Azorín llegarán un poco más tarde. En cualquier caso, por estos años, sus artículos periodísticos los firmaba más frecuentemente como J. Martínez Ruiz.

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